Un rico patrimonio arquitectónico

Arcos de las Salinas: Un recorrido por la villa
Arcos de las Salinas es una bella población situada al pie de la Sierra del Javalambre, en el centro de un accidentado valle y en la confluencia del río Arcos con un arroyo tributario. Su centro histórico, en forma de óvalo y que muestra su origen defensivo,  se emplaza sobre un promontorio que preside la huerta aunque los arrabales se extienden por las áreas adyacentes. De la panorámica del lugar destaca su Iglesia Parroquial de Santa María, situada en el punto más elevado de la población, a modo de barco que navega sobre el caserío, templo del siglo XVIII, barroco, con sencilla portada y ante el que se extiende la armoniosa plaza. Destaca el campanario, alto y con un cuerpo superior, el de las campanas, de ladrillo. La población estuvo amurallada, lo que ha dejado su impronta en el urbanismo de la misma, y de su recinto defensivo se conservan las puertas de Teruel y Catarra.

En las afueras de la población se levanta la Ermita de San Roque, un edificio finalizado en 1701, en el que destaca su atrio con cubierta a tres aguas, madera trabajada y columnas dóricas sobre murete. Arcos de las Salinas es una afamada población de veraneo, que multiplica su población en periodos vacacionales, lo que justifica la existencia de varios restaurantes.

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Para conocer los alrededores
Por su singularidad y relevancia destaca el conjunto de Las Salinas, que han dado nombre al municipio. Se trata de un interesante conjunto de salinas que al parecer se explotan desde época romana, una explotación que tuvo relevancia en una extensa área circundante a lo largo de los siglos y que prosigue en la actualidad y en la que puede observarse las balsas de decantación y los edificios para la gestión, elaboración y almacenaje en mal estado de conservación, así como la Ermita de la Magdalena*. En las proximidades de la población, a unos quinientos metros en dirección a Losilla de Aras, se encuentran los restos de El Batán, un antiguo establecimiento lanero, así como un lavadero de 1876.

En el término existen varias antiguas aldeas deshabitadas entre las que destaca por su pasada importancia la de Las Dueñas, presidida por las ruinas de su iglesia parroquial y en cuyas proximidades se alza una monumental sabina albar. También es el caso de San Juan, sencillo ermitorio con vivienda para el ermitaño, y de la Hoya de la Carrasca, pequeño caserío en el que destaca la bella Ermita de Santa Quiteria. Esta ermita muestra su atrio de madera integrado en la cubierta, a tres aguas y trabajada, sobre cuatro columnas de madera sobre murete así como puerta y enrejado de madera torneada y un bello y cuidado interior. También destaca la Ermita de San Salvador, visible en la distancia por su emplazamiento y cuidado enjalbegado, lugar de peregrinaje para vecinos del pueblo, de La Serranía y del Rincón de Ademuz, con porchada de acceso y un cubierto adosado a la parte posterior y a la que puede accederse por un antiguo sendero. Merecen mención los molinos de La Rocha, Nuevo y de La Herradura, situados a lo largo del curso del río Arcos.